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    ESTADO CIVIL: A DIETA.
Por: Roska Pérez
31/07/2015

El eterno estado de las mayoría de las mujeres es estar a dieta, y es que muchas somos víctimas del constante pensamiento que unos kilos de menos nos caerían de maravilla y en efecto la mayoría de las veces es verdad, ¿pero que clase de torturas pasamos las mujeres para lograr todo esto?

Y no me refiero a ponernos las pilas en el ejercicio que casi siempre es lo mas prudente sino el proceso de tortura psicológica al que nos enfrentamos ocasionado por nosotras mismas. Ahora que sufro por recuperar mi peso después de haber tenido un bebé, me doy cuenta de los cuentos chinos que soy capaz de inventar para de una u otra manera romper la dieta, sobre todo en el aumento de carbohidratos pero es que sin ellos me resulta complicado sentirme satisfecha, la vida comiendo ensalada no me parece que sea vida.

El régimen alimenticio al que nos exponemos para según nosotros ser flacas requiere de mucho esfuerzo y sobre todo mucha hambre, causando la mayoría de las veces efectos secundarios como mal humor, cansancio, sueño y dolor de cabeza, pero no importa cuando te imaginas que entras en esos jeans que tanto te gustan, los cuales no te dejan mentir sobre tus kilos de más.

Cuando estas a dieta esperas la hora de la mentada colación como si llevaras días sin comer y cuando por buena suerte te toca comer un sándwich lo ves como si fuera el manjar mas exclusivo del mundo.

A veces cuando veo mi pechuga de pollo asada la cual por lo general no tiene una buena apariencia me imagino al pollo gritándome "gorda, gorda, gorda", así que sin hacer mucho gesto me la como sin repelar.

Hago un esfuerzo inhumano por tomarme los mínimos dos litros de agua y hacerme a la idea que las harinas procesadas son tan malignas para el organismo como lo deliciosas que le resultan a mi paladar.

Me cacho teniendo pensamientos sin sentido como que en mi otra vida quiero hacer la dieta de la T, (tortas, tacos, tamal y tortilla)

O que el chocolate no debería de engordar.

La realidad es que estos sentimientos donde el tema de la comida se vuelve el eje, me frustran, me enojan y me producen ansiedad y creo que tienen que ver por que al final me resulta fácil darle un valor al peso y a la apariencia física que en realidad no tienen. No sé desde cuando las mujeres ponemos nuestro valor en el peso que tenemos, creyendo que cuando seamos flacas vamos hacer felices sin darnos cuenta ahí no descansa la dicha ni la felicidad, perdemos de vista sensacionales rubros de la vida que tenemos cerca por nadar obsesionadas por la cruenta y maldita báscula.

Sin duda que flaca te sientes, sería una necia si no lo reconociera, pero también creo mejor una contundente lección que me ha dejado este espinoso trayecto de recuperar de manera atropellada mi peso, es intentar proteger y apapachar mi interior, sé que suena trillado, pero me doy cuenta que lo más poderoso y a la vez complejo, es aceptarnos. Estoy convencida que una mujer que se quiere y acepta, refleja belleza sin importar su talla.

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