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    ESTAMOS VIVOS
Por: Roska Pérez
19/08/2015

Siempre he pensado que las cosas pasan por algo y que no existen las casualidades, pero debo reconocer que, cuando las cosas no marchan tan bien, me es complicado tener este pensamiento presente.

Hace unos días tuve una lección de vida maravillosa, de esas que te sacuden y te escupen en la cara para que despiertes.

Mi hermanos y yo acompañamos a mi padre a su primera quimioterapia. Temerosos, angustiados, pero cada uno con su arma secreta para brindarle el apoyo necesario en esta nueva odisea. Luigi, mi hermano, con su raciocino por delante y su agudo sentido del humor; Ximena, con su impecable sonrisa que hace que todo se vea de mejor color, y yo que suelo actuar como que no pasa nada, que todo está bajo control.

Mi padre, como siempre, el más sereno y convencido de que la terapia que ahora recibe es una aliada para vencer la enfermedad, sin darse cuenta de que, lo que hasta el día de hoy lo ha hecho el guerrero más valiente que yo conozco, es su maravillosa actitud y su espíritu triunfador.

Mientras pasaban las eternas horas en las que el medicamento era administrado, llegó un joven paciente al cubículo de junto; por como están distribuidos los espacios, es imposible no escuchar. El chavo, sin darse cuenta, nos lleno el panorama de grandes expectativas, él es un sobreviviente de cáncer y estaba ahí para tomar su última quimioterapia. Con sus múltiples preguntas hacia los doctores, no solo nos brindo optimismo, sino que nos abofeteó para despertar y ser conscientes de lo que son las ganas de vivir.

¿Cuándo puedo hacer ejercicio? ¿Cuándo me puedo hacer un tatuaje? ¿Cuándo puedo tener relaciones sexuales? ¿Cuándo puedo hacer mi vida normal? Y aquí es donde la piel se me puso chinita. “Hacer mi vida normal” es lo que yo hago todos los días y me dejo llevar por la cansada rutina sin reparar en lo privilegiada que soy por poder realizar todas mis actividades sin estar luchando por vivir y, peor aun, sin disfrutarlo.

Bendita yo que puedo llevar una feliz y cansada rutina todos los días.

¿Por qué tenemos que esperar los humanos a sentir que el tiempo se acaba para disfrutar de lo que nos hace sentir vivos?

El tema me parece trillado, hasta que te topas con alguien como tú, querido paciente del cubículo de junto, a quien no tengo el gusto de conocer, pero que hoy no me queda mas que agradecerte por haber escuchado tus ganas, tu espíritu de lucha y tu energía para seguir. Me enseñaste que vale la pena disfrutar y que la batalla que mi padre comienza se puede ganar.

Gracias por la emoción con la que preparabas tu próxima fiesta, fue un placer oírte durante nuestra primer experiencia en ese singular espacio.

A ti, papá, te digo que muy pronto estaremos nosotros viviendo la felicidad que implica la última quimioterapia, la última batalla de esta terrible y cansada guerra contra el cáncer.

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